¡QUE NUESTRAS MIRADAS SE ENCUENTREN!
Me ves, me dejo ver y, en tu mirar veo mi vergüenza; no porque me ves, sino por mis cicatrices que en mi alma dejaron las ignorantes decisiones desenfocadas que elegí. Ciego andaba en mi vanidad y soberbia; así, miope y con la mirada distorsionada no te veía. ¿Qué no me deja verte? Veme -me dices-, que crea tu mirarme, que confíe mi mirar a ti. Que nuestras miradas se encuentren. Ok! así lo haré. ¡Oh, te veo! tu mirada me fascina, me desarma y me enloquece. Eres el colirio a mis ojos para verte. ¡Ahora sí te veo! y me lleva a amarte con gratitud, libertad y confianza.
¡Qué hermosa es la vida cuando la vemos así! bella, divina, alegre, fascinante, incluso si miramos el lodo que nos rodea.

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