Respuesta al fatalismo
El camino sentenciado a la muerte, sea por violencia o enfermedad, conlleva, sin fe, a la pérdida de toda esperanza. Esto resulta, como bien testimonia Viktor Frankl, abandono, resignación, la pérdida de sentido por vivir en armonía, gozando de la belleza, todo deseo se desmorona. He aquí el inicio y “triunfo” de la enfermedad o violencia (muerte). Entonces ¿dónde está el problema? En aferrarse a lo material, el ver, pensar, sentir esta vida física o meramente biológica como la única manifestación. Para demostrar lo dicho recurro al testimonio de aquellas personas enamoradas de Dios; es decir, de la vida espiritual, de la manifestación de otra forma de vida, de lo trascendente, de lo que está más allá de lo físico: los mártires, los kamikazes quienes, frente a la inminente muerte, dolor, violencia o enfermedad, aún estando sanos, no le temen a la muerte, hasta la “desean” porque tras ella vislumbran a su Señor, estar en esa vida divina, espiritual. Ya decía Platón que esta vida es apariencia, que el mundo de las ideas (espiritual) es lo real. Me dirás ¡Oiga, pero los judíos, en manos de los nazis, eran personas de fe! ¿y por qué perdían toda esperanza? Pues, los judíos, aún hoy, no ven a Dios hecho hombre, lo siguen esperando. De allí que su esperanza se disipa. Por otra parte, los cristianos sí que gozan de su esperanza porque fue el mismo Jesucristo quien dio ejemplo de fe y esperanza durante su camino a la muerte (vía crucis). He vencido a la muerte, he ahí la respuesta al fatalismo.

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